JUAN C. BENAVENTE. DOCENTE UNQ E INTEGRANTE DEL COMANDO CONJUNTO ANTÁRTICO
Desde una perspectiva estratégica, Malvinas y las islas del Atlántico Sur no pueden comprenderse sin su relación con la Antártida. La destrucción de la Estación Científica Corbeta Uruguay en 1983 revela una dimensión poco conocida del conflicto.
Desde una perspectiva estratégica y geopolítica, es cada vez más claro que el conflicto por Malvinas e Islas del Atlántico Sur que el Reino Unido mantiene con Argentina no es sólo por esos espacios insulares y marítimos, sino por la posición de ellos frente a la Antártida. Así, hablar de Malvinas es hablar de Antártida, y viceversa. En ese marco, la afirmación “Malvinas empezó en las Georgias y terminó en las Sandwich del Sur” traza un arco cuyo tramo final es poco o nada conocido. Pero ¿por qué? ¿La guerra llegó hasta un sitio tan remoto y no se encendieron las alarmas internacionales?
El comienzo es el final
El último acto bélico de la Guerra de Malvinas fue la destrucción absurda e impune por parte del Reino Unido (durante el verano de 1982-1983) de la Estación Científica Corbeta Uruguay (ECCU), localizada en 59° 27’ 30’’ S y 27° 16’ 00’’ W, en la isla Morrell del grupo Thule del Sur, en el archipiélago de Sandwich del Sur. La base científica fundada por la Armada se hallaba a casi 2100 km de Puerto Argentino, a 970 km de la Base Orcadas y a unos 2500 km de Ushuaia.
Las coordenadas incluidas no están para fatigar la lectura sino para discurrir acerca de un detalle “administrativo”: la ECCU se ubicaba a unos 60 kilómetros al norte del límite de aplicación del Tratado Antártico, por lo que “no se encontraría” bajo su administración. Y aquí radica la trampa: las Sándwich del Sur, consideradas un “archipiélago subantártico”, están en la denominada convergencia antártica, un anillo irregular que circunda al continente antártico en el que las gélidas aguas del último continente se mezclan con las de los océanos Atlántico, Pacífico e Índico, conformando el límite natural. La convergencia antártica, unánimemente para los fines científicos, por su ambiente y bioma, es el “borde” y no el “exterior” de la Antártida. Por ello, la zona de las Sándwich del Sur y la base se encontraban dentro del Programa Antártico Argentino.
Fuentes británicas que consignaron los sucesos de Sándwich del Sur lo calificaron como el “último trabajo” de la Task Force para terminar con la presencia argentina en la zona. El resumen de los hechos (que puede cotejarse tanto con fuentes argentinas como británicas, con ligeros matices) es como sigue:
Operación Keyhole, junio de 1982: Tras la rendición argentina en Puerto Argentino, las fuerzas británicas destacaron los buques HMS Yarmouth, HMS Endurance, el buque logístico Olmeda y el remolcador Salvageman, con tropas del 42 Command Royal Marines para desalojar, retomar la Isla Thule (repossession of South Thule), cerrar las instalaciones argentinas y capturar al personal de la base (en total diez personas), lo que se completó el 20 de junio de ese año. Los prisioneros argentinos fueron llevados a las Georgias del Sur.
Destrucción de la base argentina: En diciembre de 1982, los navíos HMS Hecate y HMS Endurance visitaron las Sándwich del Sur (Thule – isla Morrell y la ECCU) y habrían confirmado que “alguien” estuvo en las instalaciones tras verificar que la bandera británica había sido sustituida por una argentina. Con ese argumento y con el objeto de “prevenir” una reocupación argentina, a principios de febrero de 1983 Gran Bretaña envió a las islas a la fragata HMS Ariadne y al logístico RFA Tidespring. Entre el 1 y el 4 de ese mes fueron dinamitadas y demolidas todas las instalaciones de la base, a excepción del refugio Teniente Esquivel, el mástil y una baliza.
Esas acciones acabaron con el primer y único asentamiento humano con carácter científico que existió en las islas Sándwich del Sur.

Unas islas de aspecto “salvaje”
Las Sandwich del Sur están formadas por un aislado grupo de once islas que se extendían como un ligero arco vertical alineadas en el meridiano 27° oeste, en el Atlántico Sur. Fueron avistadas en 1775 por el explorador británico James Cook. Desde lejos exhiben el clásico perfil de conos volcánicos que emergen de las aguas. Respecto de ellas, Cook habría comentado: “No tengo palabras para describir su aspecto horrible y salvaje. Si tales son las tierras que hemos descubierto ¿qué podemos esperar de aquellas que yacen más al sur?” (FONTANA, 1983, p. 129). En 1819, el explorador ruso Fabian von Bellingshausen descubrió las islas septentrionales del archipiélago y, durante décadas, la única actividad humana en el lugar se limitó a la visita ocasional de cazadores de ballenas y de focas.
Pero la Armada Argentina tuvo el mérito de haber instalado en esas recónditas islas el primer asentamiento humano de la región, cuya ocupación tuvo dos fases: la primera en 1955 y la segunda en 1976, que se extendió hasta la usurpación y destrucción británicas.
Un refugio aislado y las pioneras emisiones de radio
En enero de 1955 la Armada Argentina (ARA) construyó en la punta Hewison de la isla Morrell, del grupo Thule del Sur, el pequeño refugio de madera Teniente Esquivel, y a unos 200 metros del sitio instaló la baliza Gobernación Marítima de Tierra del Fuego. En diciembre de ese año, el rompehielos ARA General San Martín trasladó a la primera dotación del refugio, formada por tres hombres: el guardiamarina Ricardo A. R. Hermelo (jefe) y dos civiles voluntarios, radioaficionados y miembros del Radio Club Argentino, Manuel Ahumada y Miguel Villafañe, radiotelegrafista de la Marina Mercante.
La pequeña dotación acondicionó las diminutas instalaciones para albergar a los hombres, provisiones y equipamiento de radio, además de instalar instrumental científico. Una vez alistado el sistema de emisión, por primera vez desde ese lugar comenzó a funcionar la radio, con la activación de la estación de radioaficionados LU3ZY, perteneciente al servicio internacional de radioaficionados, reconocido por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU). Este ámbito ha tenido históricamente un vínculo particular con la proyección nacional en el Atlántico Sur y la Antártida: radioaficionados civiles participaron voluntariamente en tareas de comunicaciones durante la Guerra de Malvinas de 1982 y han colaborado de manera permanente en actividades antárticas. En ese contexto, emitir con una señal argentina desde estas latitudes constituye también una forma de afirmar presencia y soberanía desde el espectro radioeléctrico. La intensa actividad radial, que tuvo una respuesta internacional inmediata, marcó un precedente que sería reforzado décadas después.
El refugio debió ser evacuado en enero de 1956 debido a una erupción volcánica en una isla vecina. En Morrell, asiento del refugio, incluso se produjeron manifestaciones sulfurosas o fumarolas similares a las de la isla Decepción. Los tres integrantes del refugio fueron evacuados tras dar aviso por el servicio de radioaficionados (ya que no se podían comunicar por las bandas operativas de la Armada). El ARA General San Martín acudió al lugar tras la alerta y extrajo a los marinos mediante helicópteros. Aquellos tres argentinos fueron los primeros habitantes del lugar.
En 1955 la Armada Argentina estableció en Thule del Sur el refugio Teniente Esquivel y activó la estación radial LU3ZY, inaugurando una temprana presencia científica y comunicacional en las remotas islas Sandwich del Sur.
Razones estratégicas (consolidar la presencia en la región) motivaron que Argentina volviera a las islas Sándwich. En noviembre de 1976, personal de la Armada comenzó a construir las instalaciones de la Estación Científica Corbeta Uruguay. El rompehielos ARA General San Martín y el transporte ARA Bahía Aguirre transportaron el material y el personal necesarios para su emplazamiento.
La moderna estación científica se instaló a unos 300 metros del refugio Esquivel y su construcción demoró cuatro meses. Contó con un diseño modular, con una firme estructura metálica sobreelevada del terreno. Se montaron varias instalaciones y laboratorios y, tras la inauguración en marzo de 1977, se realizaron estudios de meteorología, radiación solar, oceanografía, glaciología, hielos marinos y sismografía. Contaba además con equipos de radiosondeo. La base se acondicionó para alojar a una dotación invernal de diez personas, mientras que durante el verano alcanzó a albergar a 50 personas.
Asimismo, se reactivó la baliza Gobernación Marítima de Tierra del Fuego y se instalaron otras. Se habilitó un servicio de correo postal. Desde 1980, la Fuerza Aérea Argentina (FAA) comenzó a realizar vuelos de exploración a las islas del Atlántico Sur con aviones KC-130H Hércules. ENCOTEL (la entonces Empresa de Correos y Telecomunicaciones) anunció la impresión de una marca postal alusiva a la correspondencia que lanzaba sobre la ECCU. También, en 1978, se retomó con intensidad la actividad de radioaficionados, impulsada por integrantes del SARA (Servicio Auxiliar de Radioaficionados de la Armada) y miembros del GACW (Grupo Argentino de CW, radiotelegrafía) que gestionaron ante la Armada la rehabilitación de la estación radial. Desde entonces, la estación LU3ZY, al igual que la base, se mantuvieron plenamente operativas hasta los sucesos de 1982.
Lo que la ciencia perdió
Ya durante la primera instalación de 1955-1956, se asignaron registros y estudios: observaciones meteorológicas, glaciológicas y oceanográficas; instalación de una regla para el registro de las mareas y un abrigo para los instrumentos de observaciones. Se efectuaron reconocimientos y se registraban los datos de flora y fauna que el Servicio de Hidrografía Naval y el Instituto Antártico Argentino habían planificado. Fueron los primeros registros científicos sistemáticos de la zona.
En 1957, durante el Año Geofísico Internacional (AGI), se realizaron registros gravimétricos. Posteriormente, con la instalación de la Estación Científica en 1977, se ampliaron las áreas disciplinares de investigación. Como resumen, el historiador Pablo Fontana del Instituto Antártico Argentino (IAA-DNA) recordó en una entrevista que en la ECCU:
“se realizaban importantes estudios de diversas disciplinas, en particular de meteorología, medición de radiación solar y radiosondeos, destacándose los trabajos de sismología, siendo estas islas uno de los sitios con mayor cantidad de sismos en el mundo. También se realizaron trabajos de biología con la colonia de pingüinos del lugar y de glaciología”.
Además, las activaciones de radioaficionados permitieron estudiar y cotejar el comportamiento de la propagación ionosférica para las ondas de radio en distintas bandas del espectro, y en especial —lo que confirmaron los argentinos que habitaron el Refugio Esquivel en 1956— las perturbaciones producidas por erupciones volcánicas próximas y movimientos sísmicos.

Años después de la destrucción de la base, el archipiélago de Sándwich del Sur comenzó a ser visitado por turistas internacionales, y en algunos casos por radioaficionados que realizan las denominadas Expediciones DX. Éstas consisten en campañas de días o semanas de duración a sitios distantes o aislados, en los que se emite en diversos modos radiales (fonía, radiotelegrafía y digitales). Algunas de esas expediciones civiles y experimentales llegaron a las lejanas Thule del Sur, que junto a algunos registros turísticos (LEVEDEV, 2015 y otros), permitieron mantener presente la memoria visual de los restos herrumbrados a los que quedó reducida la moderna instalación científica que había montado la Argentina en la década de 1970.
Desde 1904 la Argentina mantiene presencia ininterrumpida en la Antártida. A ese pionerismo, en 1982, le fue arrebatado otro: el de consolidar el primer asentamiento humano permanente en las remotas Sándwich del Sur.

