EL CANDADO ESTRATÉGICO DE LONDRES. CUATRO DÉCADAS LIMITANDO LA DEFENSA ARGENTINA

FLORENCIA MENDIETA. DOCENTE EN UNLA

Generalmente, se suele analizar el conflicto del Atlántico Sur como una fotografía estática de 1982. Sin embargo, la guerra no concluyó ese año, sino que se transformó en una estructura invisible de restricciones en la que se alberga un mecanismo de control que ha condicionado la defensa argentina por más de cuarenta años.

En pleno desarrollo del siglo XXI, el Atlántico Sur se posiciona como una región que acrecienta su importancia en el tablero mundial, presentando oportunidades y desafíos para Argentina en su rol como pivot en América Latina. Esta relevancia obliga al país a desarrollar un pensamiento geopolítico estratégico capaz de navegar un orden mundial en transición. Es bajo esta lógica que un aspecto fundamental dentro de la disputa por la soberanía de las Islas Malvinas es el embargo de armas impuesto por el Reino Unido desde 1982. Más que una medida de control de exportaciones, esta restricción representa una estrategia geopolítica que afecta la autonomía en defensa argentina y consolida la preeminencia militar británica en la región. No obstante, este condicionante se  dimensiona al analizar el espacio geopolítico en cuestión: el Atlántico Sur, las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur junto a su proyección antártica.

Es así que la comprensión del conflicto del Atlántico Sur exige trascender la narrativa del evento bélico para abordarla desde una perspectiva geopolítica. En este sentido, la geopolítica se presenta como el eje fundamental para analizar las influencias mutuas entre el Estado y el espacio territorial, en el que este objeto supera su condición de ser una extensión de tierra para convertirse en un interés vital.

En el caso de las Islas Malvinas, la comunión entre espacio – Estado generó diversas interpretaciones políticas contrapuestas entre Argentina y el Reino Unido dando origen a una pugna de intereses estratégicos. No obstante, esta trama de intereses permite cuestionar los argumentos que sostienen que la guerra fue una eventualidad.

Si bien la posición británica afirma que el desembarco argentino fue sorpresa, diversos antecedentes establecen que existió una planificación previa por parte de los actores involucrados. Por lo que la detección de la presencia argentina en las Islas Thule del Sur y la posterior Operación Journeyman a finales de los setenta, demuestran que el Reino Unido ya empleaba estrategias de disuasión. Algunos autores señalan que Londres permitió a Argentina conocer su presencia naval en aquel entonces, lo que pone en duda si el accionar británico fue realmente una sorpresa o una maniobra calculada.

Dentro de una misma línea, la hipótesis de un engaño estratégico se fortalece al observar eventos como el de las Islas Georgias del Sur, vinculado a las operaciones Azul y Alfa de la Junta Militar. Según el Informe Rattenbach, el gobierno argentino interpretó que el Reino Unido buscaba evitar cualquier discusión sobre soberanía por medio del refuerzo de su presencia militar. Esta tensión se ve confirmada por revelaciones que indican que agencias como la NSA habrían detectado y alertado sobre los movimientos argentinos días antes del 2 de abril.

Resulta paradójico que, a pesar de estos eventos, el Reino Unido fuera un proveedor clave de armamento para Argentina hasta un año antes de la guerra, facilitando destructores y misiles de acuerdo a los registros internacionales del SIPRI.

Por tanto, estas inconsistencias ponen en duda la narrativa británica de haber sido sorprendida por la decisión argentina en 1982, debido a que inmediatamente al inicio del conflicto bélico, comenzó a interferir en la defensa nacional argentina por medio de un embargo de armas. Esta fue una de las formas más viables para garantizar que el país no se desarrolle militarmente, potenciando la militarización de las Islas Malvinas.

En consecuencia, la estrategia británica consistió en bloquear las instituciones y los sectores económicos de los que dependía el desarrollo tecnológico militar argentino durante el Conflicto del Atlántico Sur. Esta sanción fue impuesta en conjunto con la Comunidad Económica Europea, la cual se implementó en tres etapas.

En primer lugar, se observó un apoyo europeo fuerte por medio de una prohibición generalizada de importaciones, que buscaba forzar un cambio de actitud en la Junta Militar. Si bien la economía argentina logró resistir en primera instancia, las sanciones produjeron efectos significativos a mediano plazo. Sin embargo, en una segunda fase, el consenso europeo se debilitó ante la ausencia de beneficios y la creciente disconformidad de Estados miembros como Italia o Dinamarca. En este punto, el hundimiento del Crucero General Belgrano generó una ola de horror y repugnancia en países como Irlanda, transformando lo que era una victoria militar británica en una derrota política frente a sus socios.

Por último, en la etapa final de este proceso, la cooperación europea evidenció que no respondía a una causa común, sino a un intercambio de intereses internos. Por lo que al no obtener beneficios de la guerra, la Comunidad Económica Europea levantó las sanciones en junio de 1982, lo que obligó al Reino Unido a transformar la sanción en una medida unilateral.

El candado estratégico de Londres

Frente a la imposibilidad de evitar que el resto de Europa vendiera armas a Argentina sin sufrir grandes pérdidas en el mercado internacional, Londres modificó su estrategia hacia una política de control de exportaciones estratégicas, basada en la aprobación o desaprobación de licencias de exportaciones estratégicas.

Es importante destacar que la política de control se institucionalizó mediante la Orden de Control de Exportaciones (2008), dando seguimiento estricto de artículos militares y tecnología de doble uso, estableciendo una lista consolidada en la que se clasifican estos bienes y se exponen los países controlados.

En la actualidad, el Reino Unido ubica a Argentina como un país sujeto a los controles más estrictos de comercio, operando mediante un sistema de licencias individuales, tanto abiertas como estándar, gestionadas en la plataforma conocida como SPIRE. Es así que el gobierno británico sostiene formalmente que ha mantenido este embargo de armas desde el 3 de abril de 1982, con una última revisión integral en el año 2019.

Se evidencia que la posición oficial del Ministerio de Defensa británico ha sido denegar cualquier licencia para productos o tecnologías que se suministren a usuarios finales militares en Argentina (excepto en circunstancias excepcionales), siendo el objetivo principal rechazar toda exportación que se considere que mejora la capacidad militar argentina. Esta sanción se ha mantenido dinámica durante cuatro décadas, adaptándose a los intereses británicos en la región y estableciendo una vinculación directa entre la política de control de exportaciones y la geopolítica del Atlántico Sur.