HÉCTOR A. ARROSIO. MAGISTER EN CIENCIA POLÍTICA – PROFESOR EN HISTORIA UNMDP
Durante el conflicto del Atlántico Sur, la comunidad de inteligencia británica operó bajo tensiones propias de la Guerra Fría, con estructuras diseñadas para otro escenario. Entre capacidades globales y limitaciones regionales, emergieron interrogantes sobre su desempeño estratégico.
La bibliografía reciente sobre las instituciones que componen la comunidad de inteligencia británica puede clasificarse en tres categorías: las Historias Oficiales, caso de la historia del SIS/MI6 (2010); las Historias Autorizadas, caso del SS/MI5 (2009) y del GCHQ (2020); y los Estudios no Censurados, caso del GCHQ (2019).
Sobre la participación de la Comunidad de Inteligencia Británica en el Conflicto Malvinas la producción historiográfica es limitada y fraccionada. Los autores destacan el hecho de que la historia oficial de la “Campaña de las Malvinas” escrita por Lawrence Freedman sólo aborda aspectos parciales, dado que no pudo acceder a ninguna documentación sobre el tema. Al respecto hay que recordar que en 1984 el Gobierno de Margaret Thatcher estableció un status especial para toda la documentación obrante sobre el conflicto, extendiendo la Ley de Secretos Oficiales a 90 años. Los documentos liberados en el año 2012 obrantes en The National Archives [TNA] son periféricos a los ejes medulares de la toma de decisiones en el nivel estratégico nacional.
El cuadro de organización general en 1982
El esquema organizativo entre 1982 y 1992 era el siguiente. El Comité Conjunto de Inteligencia (JIC: Joint Intelligence Committee) producía los análisis de fuentes abiertas y secretas. El SIS/MI6 producía la inteligencia secreta. Las operaciones encubiertas estaban a cargo de las Fuerzas Especiales militares, a veces en cooperación con el SIS/MI6. El Servicio de Seguridad MI5 se encargaba de la contrainteligencia y sus actividades especiales (contraespionaje, contrasabotaje y contraterrorismo). Y al esquema se agregaba el Cuartel General de Comunicaciones Gubernamentales (GCHQ), que centralizaba todo el sistema de reunión, análisis y distribución de inteligencia de señales (SIGINT), compuesta por inteligencia de comunicaciones (COMINT) e inteligencia electrónica (ELINT). La Inteligencia de Imágenes (IMINT), históricamente a cargo de la RAF, estaba bajo el ámbito del Centro Conjunto de Interpretación de Reconocimiento Aéreo (JARIC: Joint Air Reconnaissance Interpretation Centre), que dependía directamente de Inteligencia de Defensa (DIS: Defence Intelligence Staff).
Los medios de obtención y análisis: SIS, JIC, DIS y GCHQ en 1982
Las principales estructuras de obtención de información para la producción de inteligencia exterior eran el SIS/MI6 y el GCHQ. El SIS reunía una fuerza de alrededor de 2000 cuadros de conducción, analistas y agentes secretos, en tanto que el GCHQ tenía entre 4000 y 5000 integrantes en sus 34 bases metropolitanas en el Reino Unido (que también incluía a las unidades SIGINT de la RAF y la Royal Navy) y 48 bases en ultramar.
El Servicio Secreto de Inteligencia (SIS en los informes profesionales), también conocido mediáticamente como MI6, denominación heredada de la época de la Primera Guerra Mundial que participó durante el Conflicto Malvinas, era una institución aún afectada por el síndrome de los agentes de penetración profunda reclutados por los soviéticos en la Universidad de Cambridge (Cambridge Five en los informes del SS/MI5), y que compartía con el resto de la “cultura experta” los efectos de la desintegración del Imperio.
El noveno “C”, denominación administrativa utilizada para los Directores del SIS desde los tiempos de la Oficina del Servicio Secreto en Whitehall Court, cuyo primer titular fue Mansfield Cumming (1911–1923), Colin Figures, a cargo del SIS entre 1982 y 1985, era un hombre formado en la especialización de las “mesas” correspondientes a Polonia, Checoslovaquia, Hungría y República Democrática Alemana: el frente central en la Guerra Fría contra la URSS y el Pacto de Varsovia. El umbral del Conflicto Malvinas fue afrontado por el SIS de Figures con una estación, en la Embajada del Reino Unido en Buenos Aires, compuesta por dos funcionarios que era sobreviviente a un recorte masivo y cierre de delegaciones en la región América Latina y el Caribe.
Desde 1981 el centro de gravedad del SIS/MI6 estaba en torno a una batalla específica librada contra el KGB y el GRU. Tal confrontación hoy se conoce como la Operación RYAN (acrónimo de Raketno-Yadernoye Napadeniye: ataque de misiles nucleares), que fue la respuesta soviética a la percepción de Yury Andropov de un inminente ataque de primer golpe nuclear de EEUU y la OTAN contra la URSS. En torno a esta problemática, y a las crisis generadas por el despliegue de los misiles soviéticos SS-20 apuntando a blancos en Europa, se movían las líneas de batalla de la comunidad de inteligencia británica al comenzar la década de 1980.

El centro de operaciones del MI6 en 1982. El edificio Century House albergó la inteligencia exterior británica durante el conflicto bélico del Atlántico Sur.
Observando la historia del SIS se destaca una relación estructural casi simbiótica con el Foreign Office que se proyecta al Comité Conjunto de Inteligencia (JIC). En 1982 el JIC era conducido por Arthur Acland. El JIC estaba compuesto por grupos regionales que abarcaban toda la geografía del sistema internacional denominados CIG (Current Intelligence Group), uno de ellos era el LACIG (Latin American Current Intelligence Group) que tiene como región-blanco a América Latina. En 1982 el jefe de LACIG era el General Adam Gurdon.
Entre 1979 and 1982 hemos identificado a cuatro hombres de la especialidad en funciones en la Embajada del Reino Unido en Buenos Aires: dos hombres del SIS, uno de ellos el Jefe de Estación Mark Heathcote y un auxiliar; un hombre del DIS (Defence Intelligence Staff) con el cargo de Agregado de Defensa, el Coronel Stephen Love, y el Agregado Naval, Capitán de Navío J.J. Mitchell.
El centro de gravedad del cuadro de organización del GCHQ en 1982 era la Dirección de Operaciones de Inteligencia de Señales, compuesto por las Divisiones J (URSS), K (SIGINT General), H (Criptoanálisis), X (Servicio de Computadoras), T (Análisis ELINT), R (análisis de contenido de radioemisoras), Z (Requerimientos y enlaces) y W (Central de Comunicaciones).
En diciembre de 1981 Douglas Nicoll, ex jefe de la División Z del GCHQ, terminó un extenso informe especial en el que se analizaban las causas de las fallas de inteligencia al no poder anticipar agresiones militares. El Informe Nicoll se titulaba: The Joint Intelligence Committee and Warning of Aggression (El Comité Conjunto de Inteligencia y las alertas de agresión). El JIC realizó un debate con el Informe Nicoll de marco general en marzo de 1982, como señalan los autores especializados en el asunto, “tres semanas antes del desembarco argentino” en Malvinas.
Entre 1977 y 1982 el GCHQ tenía las capacidades tecnológicas para la práctica de inteligencia de comunicaciones (COMINT) y electrónica (ELINT) sobre América Latina y en especial el Atlántico Sur desde su base avanzada en la Isla Ascensión. A estas capacidades se sumó en 1979 la unidad SIGINT a bordo del HMS Endurance que circulaba entre la base británica de Rothera, la base chilena Prats (ambas en la Antártida), puertos argentinos (en 1980 estuvo en Mar del Plata), uruguayos, Malvinas y Georgias. Al comenzar la crisis de las Georgias (19 de marzo de 1982) se sumó el apoyo de la base de Irirangi, en función de alianzas navales y de inteligencia con el GCSB: Government Communications Security Bureau, el homólogo del GCHQ del gobierno de Nueva Zelanda.
En 1982 el director del GCHQ era Brian J. Maynard Tovey, graduado en la Universidad de Oxford en Estudios Orientales (especialista en China) y hombre de la Royal Navy. Al escalar el conflicto tras el 2 de abril, se constituyó en Cheltenham la Sala de Operaciones Malvinas (Falklands Operations Room) integrada por la División K (al mando de Roy Little), encargada de monitorear territorios del “Resto del Mundo” fuera de los teatros de guerra centrales entre la OTAN-URSS/Pacto de Varsovia; y por la División J (al mando de Michael Herman), cuyos blancos eran los Distritos Militares Soviéticos Moscú, Báltico y Leningrado, especialmente este último donde se hallaban las bases de la Flota del Norte de la URSS.
El fundamento de la participación de la División J en la Sala de Operaciones Malvinas radicaba en el enlace y cooperación con la inteligencia noruega, especialmente con las actividades SIGINT de la base Fauske. Cuando la Royal Navy puso en ejecución la Operación Corporate en el Atlántico Sur, los soviéticos desplegaron una intensa actividad de vigilancia. Un bombardero Tupolev Tu-95RT Bear D con sistemas ELINT cubrió 11.000 km sobrevolando a la flota británica y se aumentó de 2 a 18 el número de satélites que orbitaban sobre el teatro de operaciones en dicha área marítima. Los noruegos interceptaban data de los satélites rusos y elevaban la misma al GCHQ y al Comando Conjunto de Defensa. La División J del GCHQ también recibía información directa desde el Teatro de Operaciones y de la Zona de Combate.
Perspectivas sobre la hipótesis de la “falla de inteligencia”
En la historia oficial sobre el Conflicto Malvinas, Lawrence Freedman sostiene que la inteligencia británica fue sorprendida por la operación del 2 de abril. El JIC, que venía siendo advertido en los informes elevados al DIS por el Agregado de Defensa en Buenos Aires, falló en su evaluación de las probables evoluciones de la crisis. Posteriormente, al comenzar los requerimientos operacionales concretos, hacia el 5 de abril, el JIC descubrió que la información disponible sobre las capacidades militares argentinas era un “banco de datos vacío”. The Military Balance y los Anuarios Jane’s fueron las fuentes abiertas a las que recurrió el SIS/MI6.
El estado público de la cuestión comenzó tras la edición del Informe Franks, producido por una de las dos Comisiones de Trabajo constituidas por orden ejecutiva de la Primer Ministro para responder a un requerimiento de las Cámaras del Parlamento, consistente en dos cuestiones: ¿Cómo y por qué se había llegado a la crisis y al conflicto? Y ¿cuál sería la política a seguir respecto a Malvinas?
La Comisión de Trabajo constituida para responder a la primera cuestión fue presidida por Lord Oliver Franks, y produjo el denominado Falkland Islands Review: Report of a Committee of Privy Counsellors, conocido como Informe Franks, que tomó estado público en enero de 1983.

Una de las redactoras del Informe Franks fue Rosemary Spencer, integrante de la Sección Internacional del Departamento de Investigaciones de la Oficina Central del Partido Conservador británico, quien además era agente encubierta del Departamento K4 (Contraespionaje) de la Rama K (K Branch) del MI5. El ex Director General del SS/MI5, Sir Martin Furnival-Jones, había reclamado que el Informe Franks detentara la categoría de secreto enmarcado en la Ley de Secretos Oficiales británica (Official Secrets Act) que desde su modificación de 1911 reglamentaba la administración profesional de los secretos de Estado.
La estructura formal del Informe Franks (IF) se compone de una Introducción, 4 Capítulos y 7 Anexos. La introducción y los capítulos están divididos en 339 parágrafos, de los cuales 41 de ellos están dedicados al tratamiento de las evaluaciones de inteligencia de la amenaza argentina sobre Malvinas realizadas por el JIC; en tanto que 4 parágrafos del Anexo B están dedicados a una descripción genérica de la organización de la comunidad.
El Informe Franks sostiene que entre julio de 1981 y marzo de 1982 el Grupo de Inteligencia América Latina (LACIG) del JIC se reunió plenariamente 18 veces y en ninguna de ellas se trató la cuestión Malvinas [IF, 307].
John Ferris, en la historia autorizada del GCHQ, establece algunas consideraciones de interés, comenzando por las decisiones políticas de “recortar” el Poder Naval británico, que sumadas a las estimaciones del JIC de mantener en una prioridad baja a la Argentina como blanco de inteligencia, constituyeron variables que “tentaron al desastre”. El Jefe de Operaciones del Estado Mayor de la Defensa Conjunta, Contralmirante D.W. Brown, calificó como “falla de inteligencia de primer orden” a la inhabilidad de los distintos servicios (SIS/MI6, SS/MI5, GCHQ, DIS, JIC) para anticipar la operación militar argentina.

