MÁXIMO PÉREZ LEÓN BARRETO. DIRECTOR DE ASUNTOS ESTRATÉGICOS FUNDACIÓN ARGENTINA GLOBAL
La formulación de una estrategia marítima integral surge como respuesta a un entorno dinámico, incierto y fragmentado, donde tecnología, economía y gobernanza se entrelazan en torno a un recurso vital para el desarrollo.
El estudio del entorno marítimo exige una comprensión clara de su complejidad, de la velocidad con que las transformaciones tecnológicas, económicas y ambientales alteran la manera en que los Estados se vinculan con el océano y que el mar es un recurso en sí mismo y por lo tanto un bien a proteger. Se justifica porque es un asunto estratégico a nivel nacional y global. Desde 2019 se ha trabajado en la formulación de una estrategia marítima que integre estos elementos y permita orientar políticas públicas capaces de generar desarrollo, previsibilidad y presencia efectiva. Ese proceso, realizado junto con instituciones académicas y organizaciones de la sociedad civil, evidenció la necesidad de contar con un instrumento estratégico moderno, integral, inteligente y adaptable, capaz de operar en un entorno altamente dinámico.
El punto de partida es reconocer que el mar constituye un espacio donde convergen múltiples intereses y donde la capacidad de gobernanza resulta limitada. La jurisdicción de los Estados es restringida frente a la vastedad del océano, las prácticas cambian con rapidez y las normas suelen llegar tarde en relación con la innovación tecnológica. A ello se suma la incertidumbre creciente que atraviesa todos los ámbitos vinculados al entorno marítimo. Por estas razones, pensar políticas públicas para el entorno marítimo supone identificar riesgos, anticipar transformaciones y definir herramientas flexibles orientadas a mejorar la vida de las personas mediante un mejor aprovechamiento de los recursos y oportunidades que ofrece el océano.
El marco conceptual se apoya en tres nociones básicas. La estrategia se entiende como la capacidad de crear y emplear poder para ampliar las opciones futuras; el riesgo, siguiendo las normas internacionales, como el efecto de la incertidumbre sobre los objetivos; y el entorno marítimo como la interacción permanente entre el mar y la tierra. Las decisiones que lo afectan se toman desde el territorio emergido. A esto se suman los componentes del ambiente marítimo, la gobernanza, la economía azul, la seguridad y la protección, que permiten comprender el alcance de las actividades que se desarrollan en el espacio oceánico.
El mar es un bien a proteger, es vital para el desarrollo humano. Su dinámica actual puede explicarse a partir de la interacción entre nuevas tecnologías que permiten identificar y explotar nuevos recursos y dan lugar a nuevas prácticas. La capacidad de decodificar y el ADN de especies marinas que viven en condiciones extremas sin luz ni oxígeno, de transmitir imágenes en tiempo real desde profundidades extremas, de perforar miles de metros por debajo del lecho marino o explorar recursos antes inaccesibles modifica tanto la actividad económica como las responsabilidades privadas y estatales. En paralelo, la infraestructura crítica de cables submarinos sostiene casi la totalidad del tráfico mundial de internet, mientras que el comercio marítimo moviliza cerca del 90% del comercio global. Los puntos de estrangulamiento —como Suez, Panamá, Malaca o Gibraltar— están expuestos a amenazas que producen variaciones diarias de tránsito, afectando rutas, costos y tiempos logísticos en todo el planeta.
En el caso argentino, el análisis incorpora el intenso esfuerzo pesquero dentro y fuera de la Zona Económica Exclusiva, la presencia de plataformas de hidrocarburos costa afuera que aportan una parte sustancial del gas utilizado en el país y otras en exploración, el incipiente desarrollo de energías oceánicas y el avance de la biotecnología marina a escala internacional. El turismo costero y antártico, así como las actividades deportivas y recreativas, forman parte de un entramado que influye directamente en la economía y en la calidad ambiental. A nivel global, las actividades marítimas representan aproximadamente el séptimo PBI y se distribuyen entre el transporte, la explotación de recursos y las industrias asociadas.
El entramado institucional argentino añade un nivel de complejidad considerable. La gestión del entorno marítimo involucra a múltiples organismos nacionales, provinciales y municipales, junto con consejos federales, entidades interjurisdiccionales, puertos, sindicatos, cámaras empresariales, organizaciones civiles, instituciones científicas y universidades a los que se agregan los poderes legislativos y judicial. Esta multiplicidad de actores fragmentados exige mecanismos de coordinación que permitan crear conocimiento común compartido, evitar superposiciones, mejorar la toma de decisiones y optimizar el uso de recursos.
La estrategia propuesta parte de reconocer cuatro campos prioritarios: la salud del mar, el desarrollo económico, la seguridad humana y la seguridad nacional e internacional. A partir de ellos se formuló el fin de la estrategia: asegurar el desarrollo de los intereses nacionales en el entorno marítimo asegurando los medios que garanticen un entorno pacífico, estable, sostenible, seguro y protegido. De este propósito derivan objetivos concretos destinados a fortalecer la gobernanza, promover una economía azul responsable, preservar el ambiente y promover el desarrollo humano en relación con el mar.
La agenda requiere atender cinco áreas: la transición en el poder marítimo global, la actualización normativa, la comprensión del entorno marítimo como un sistema liminal de lo jurisdiccional a lo común global, el riesgo político y la evolución de los patrones de cooperación internacional. Para avanzar en estos puntos se propone una secuencia que parte de centralizar el conocimiento existente mediante un centro de fusión de información, desarrollar la planificación espacial marítima y costera, analizar de los riesgos y desarrollar una estrategia marítima nacional integral que reúna las líneas de acción como políticas públicas. La estrategia permitirá coordinar las funciones de las organizaciones existentes sin crear estructuras adicionales, fortaleciendo las ya existentes. Podemos pensar el modelo organizativo y el espíritu estratégico deseado a partir de la figura del Pulpo: un organismo capaz de operar en ecosistemas complejos con tentáculos autónomos, sensibles y coordinados, preparado para adaptarse con rapidez e inteligencia a un entorno que cambia de manera constante.
Concebir el mar como un sistema estratégico integrado supone asumir su complejidad, anticipar riesgos y articular capacidades estatales y sociales. Una estrategia marítima nacional flexible y moderna permite transformar ese desafío en desarrollo sostenible, gobernanza efectiva y mayor presencia en un entorno oceánico cada vez más disputado.
